Haití se levanta a dos meses de la tragedia
Por Empresas Radiofonicas el Mar 12, 2010 con Comentarios 0
Solidaridad. Son muchos los voluntarios que trabajan.
Luis Beiro
VOLUNTARIA. La señora Abeer, de Jordania, inclina su frente en señal de respeto frente a un damnificado de Haití en el momento de entregarle donativos internacionales. Ese principio de humildad es inculcado por la maestra Cheng Yen.
Actividades. Los cultos religiosos y clases continúan gracias al apoyo de los taiwaneses.
Santo Domingo.- La maestra Cheng Yen los enseña a no mendigar. A saltar de la desgracia con la frente en alto. Ella, guía de la Fundación Tzu Chi de Taiwán es la autora de la célebre frase que le ha dado la vuelta al mundo: “Uno es por uno mismo, uno no debe depender del otro”. Y ahora la enseña en Haití a través de la amplia red de voluntarios internacionales que la representan en estos momentos de dolor.
Hace dos meses, ella encargó a un pequeño grupo de voluntarios viajar desde Estados Unidos a Puerto Príncipe, vía Santo Domingo, para hacer un primer levantamiento.
Tres días después del terremoto, ella había dirigido una carta a todos los voluntarios en el mundo, informando de la tragedia y orientando un inmediato plan de contingencia con el lema “Ayudar a Haití con amor”, y donde instauraba: “La vida es un ratito, pero la sabiduría vivirá por siempre. Con un corazón sincero yo ruego por las víctimas del desastre y deseo que sean felices y libres del sufrimiento”.
Los voluntarios, junto a una amplia ayuda humanitaria de alimentos, colchas y tiendas de campaña, implantaron entre los sobrevivientes el intercambio de responsabilidades.
“Tzu Chi” en Haití a dos meses de la gran tragedia
La maestra Cheng Yen es guía de la Fundación Tzu Chi de Taiwán. Ellos no regalan comida. Ellos ofrecen comida a cambio de labores. Enseñan que el trabajo es el que forma. Y que todo el que recibe una donación no debe inspirar lástima, sino respeto. Por eso sugirieron a los damnificados a limpiar sus casas y el medio ambiente en jornadas laborales antes de recibir sus alimentos. Al principio, la idea no fue comprendida, pero después, la iniciativa prendió.
Con esto, la maestra Chen ponía en práctica otro principio ético del budismo: “tan importante como la reconstrucción material del país, es la reconstrucción mental de la ciudadanía”.
Planes estratégicos
Del levantamiento a raíz de la catástrofe, los voluntarios taiwaneses ubicaron los lugares específicos más afectados y junto con la Iglesia Católica y el Gobierno local, seleccionaron dónde había más problemas. Y en esos sitios se instalaron. Los planes de ayuda se dividieron en tres categorías: la emergencia, el mediano y el largo plazo.
En el primer grupo entregaron medicinas, alimentos, lonas y casas de campaña para evitar la muerte. A mediano plazo se estableció la construcción de baños públicos y la instalación de centros de atención médica. A largo plazo con la coordinación del gobierno haitiano, se busca planificar el levantamiento definitivo de escuelas, hospitales, orfanatos y casas, para ir conformando de nuevo la ciudad.
Hasta el presente, han visitado Haití 114 voluntarios en 8 grupos, procedentes, en su mayoría, de Estados Unidos y Canadá, llevando 14 de los 29 contenedores como parte del plan de ayuda de emergencia. Ese material ha beneficiado de manera sistemática a 12 mil familias. La Fundación Tzu Chi tiene su base de atención a damnificados donde se concentra la ayuda, la cual se mantiene bajo la protección de militares de Estados Unidos , Jordania, Argentina, Canadá y España. Desde allí se realiza el suministro hacia las distintas zonas donde operan los voluntarios, porque ellos cubren sus gastos personales de su propio peculio para que no se desvíen los donativos destinados a los damnificados.
Salud
Como no quedaron hospitales en pie, los taiwaneses decidieron levantar un hospital ambulante, no solo para los heridos, sino para continuar brindando con normalidad servicios de salud. Hasta la fecha, allí han laborado 44 médicos y enfermeras, los cuales pertenecen a la Asociación Médica de la Fundación Tzu Chi. Ellos realizaron sus labores gratuitamente, cubriéndose, además, sus propios gastos. Actualmente hay 8 galenos trabajando en los centros de atención de Tzu Chi en Haiti y 4 de esos profesionales son médicos haitianos que quedaron sin trabajo y que ahora han encontrado fuente de empleo.
Además de las consultas cotidianas y tratamientos habituales, ellos organizan operativos médicos que incluyen servicios de pediatría, medicina general y oftalmología, entre otras ramas de la salud. Para el futuro inmediato se ha previsto la contratación de psicólogos clínicos.
Educación
La catástrofe detuvo la docencia. Pero la Fundación Tzu Chi la reactivó. Con canciones, juegos, dibujos y lecturas educativas, los niños haitianos se reúnen un par de horas todos los días con las voluntarias de la fundación quienes no los dejan en manos de la ignorancia. Son muchos, muchísimos y a veces es imposible reunirlos. Pero se han inventado formas para que cada uno tenga acceso a una formación integral en algún momento del día.
Las noches del sector se iluminan para alguna que otra clase ilustrada, gracias a una planta eléctrica donada especialmente por el tío del Rey de Jordania.
ORIGEN Y ESTRATEGIA
La Fundación budista Tzu Chi fue fundada hace 43 años en Taiwán por la maestra Cheng Yen. Es una institución sin fines de lucro dedicada a labores de servicio social y de caridad. Hoy tiene divisiones en 47 naciones del mundo a través de voluntarios que se encargan de sumar a ella a los ciudadanos de esas naciones que se identifiquen con la vocación de ayudar a los más necesitados sin pedir nada a cambio. La única estructura jerárquica de la Fundación es a través de la maestra, que radica en Taiwán.
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