Serrat, en una nueva entrega proverbial ante dominicanos
Por Empresas Radiofonicas el nov 10, 2008 con Comentarios 0

EL ARTISTA SÓLO NECESITÓ UN BANQUILLO, SU GUITARRA Y A SU PIANISTA DE SIEMPRE
Joan Manuel Serrat brindó un concierto de lujo, en el que interpretó más de una veintena de sus mejores canciones.
Jonathan Liriano
SANTO DOMINGO.- Desde el principio los proverbios chinos fueron el puente entre una canción y otra en la propuesta íntima que Joan Manuel Serrat protagonizó el fin de semana en la sala principal del Teatro Nacional Eduardo Brito .
“Muchas gracias, buenas noches, sean todos bienvenidos, les agradezco su presencia, y como dice un viejo proverbio chino: nadie se baña dos veces en el mismo río, porque nunca son las mismas las aguas que bajan ni tampoco es el mismo que en ellas se sumerge; me siento a gusto de volver a encontrarme con viejos amigos y regresar a un lugar como éste para compartir mi música”, manifestó el cantautor español ante una sala llena. Incluso, hasta se habilitaron lugares en la fosa, cerca del escenario.
Contrario a la mayoría de los hombres presentes, que andaban en saco y corbata o en ropa a tono con la normativa del teatro, Serrat apareció vestido cómodamente, luciendo jovial con unos jeans y camisa negra holgada. Es parte de la sencillez que lo caracteriza y no lo coloca en esa lista de divos o ídolos del momento que imponen la moda más que sus propias canciones.
Al contrario, lejos de esas estrellas de temporada, Serrat llegó sin ataviaje escénico. Apenas necesitó un banquillo, su guitarra, su pianista de siempre (Ricardo Miralles) y un proyector transmitía imágenes relacionadas a cada tema, enriqueciendo la intimidad que flotaba en el ambiente. Se trató de una velada íntima desde que comenzó el sábado, a las 9:10 de la noche.
A esa hora tomó la guitarra y antes de que sacara los primeros acordes de “Golpe a golpe, verso a verso…” (titulada “Cantares”) muchos de los presentes se adelantaron en la parte que reza: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar…”. De esa manera comenzaba un recital sin mayores pretensiones que la alimentación del alma y los recuerdos. El momento era “100 x 100 Serrat”.
El repertorio continuó con “De vez en cuando la vida”, “Tu nombre me sabe a yerba”, “Me gusta todo de ti”, “Benito” y “Esos locos bajitos”. A las canciones se sumaban los famosos proverbios orientales, utilizados por el cantautor para introducir divertidas anécdotas de su vida. “Las mujeres no cumplen años, se los pasan a sus mejores amigas”, comentó en una ocasión generando risas en la sala.
El público iba premiando cada pieza con fuertes aplausos. A veces se escuchaba la voz de una doña que se la pasó clamando “Penélope, canta Penélope” (¿será su propia historia? Pero el repertorio de un artista como Serrat es muy extenso y un encuentro no le es suficiente para cantarlos todos.
“No hago otra cosa que pensar en ti”, “Mediterráneo”, “Aquellas pequeñas cosas” y “Para la libertad”, no faltaron. Serrat intentó despedirse en dos ocasiones, pero la gente lo aplaudía de pie durante un rato, y el catalán volvía, primero con “Fiesta”, y luego con la esperada “Penélope”, para despedir una entrega proverbial.
POR DENTRO
En buen tiempo
Las puertas de la sala principal del Teatro Nacional se cerraron el sábado a las 8:30, rayando. Los impuntuales casi se pierden el recital. La nueva dirección del teatro promueve una campaña para que los productores y el público lleguen antes de la hora indicada.
Como anfitrión, José Antonio Rodríguez estuvo a la altura de la noche cuando cantó “Como un bolero”; todo el auditorio lo acompañó.
Cuando sonaron las primeras notas de “Lucía” en voz de Joan Manuel Serrat, en la sala hubo un gran silencio. Entonces la voz del artista se escuchó más clara que nunca al dejar salir: “Vuela esta canción para ti, Lucía, la más bella historia de amor que tuve y tendré…”.
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